Sí por la vida: dos jóvenes, una historia

Por: Marinelis Lora Castro

Amanda Rodríguez Camué y Rafael Grenot Camué son dos jóvenes de estos tiempos con sueños y metas para su vida personal y profesional. Sin embargo, no dudaron en cruzar la línea roja que divide la seguridad del confort de la casa y la incertidumbre de arriesgarse a enfermar por la Covid-19.

Los encontré trabajando en la Finca #1, La República, de Santiago de Cuba. En medio de la intensa labor agrícola, me compartieron sus vivencias en el Centro de Aislamiento, alistado en la Universidad de Oriente.

¿Por qué deciden trabajar en el Centro de Aislamiento, ubicado en la Universidad de Oriente?

-«Desde el inicio de la situación de la Covid-19, exactamente cuando decidieron que el Hospital Militar de Santiago de Cuba sería el lugar donde cuidarían a los positivos a la enfermedad, yo di mi disposición para ayudar en el Hospital. Llamé para que me pusieran en cualquier posición que fuera de ayuda»- nos comenta Rafael Grenot.

-«Durante los días que esperaba que me llamaran para el Hospital, comienzan abrirse otros Centros de Aislamiento, incluyendo el de la Universidad de Oriente. Rápidamente me ofrecí como voluntario en la Universidad».

-«En mi caso»- relata Amanda Rodríguez- me gustó la idea de tener una experiencia única salvando vidas y seguí la oportunidad que teníamos en este centro.

Ella tiene 19 años de edad, cursa el 2do año de la carrera de Cultura Física y es organizadora de la FEU. Él tiene 24 años, y ya cursa el 5to año de la misma carrera; es además presidente de la FEU de la Facultad del mismo nombre.

Además de un estrecho vínculo familiar, los une la determinación de ayudar al país.

¿Qué dijeron sus familiares de su decisión?

Casi a coro y entre risas los primos cómplices, respondieron:

-«Se emocionaron, si!, nos apoyaron. Ellos nos dijeron: ¡esta va a ser su Sierra Maestra, cuídense, regresen tal y como se van!» .

¿Qué significó para ustedes ser voluntarios?

-«No podemos negar que lo primero que sentimos fue miedo por una enfermedad desconocida y que ya había cobrado la vida de miles de personas en todo el mundo. Hoy te podemos decir que fue una experiencia única, una oportunidad de ayudar al país para que la situación acabara más rápido. Se necesita mucha ayuda para eliminar esta enfermedad. Para nosotros fue satisfactorio poder aportar nuestro granito de arena».

Amanda confiesa que ellos «entraron» como una persona y salieron como otra; crecieron espiritualmente; salieron siendo más solidarios y humanos.


¿Cómo vincularon sus conocimientos universitarios con el trabajo en el Centro de Aislamiento?

-«Mi tarea principal era mensajero» –cuenta Rafael-«recibía a los pacientes cuando llegaban en la ambulancia, les ayudaba a higienizarse y trasladarles a su cama; repartía los medicamentos, la comida y la ropa de cama, entre otras cosas que tuvieran que ver con envíos y traslados».

-«Me conmovió mucho una señora de 87 años porque no podía caminar; solo andaba en su silla de ruedas; un día tuve que cargarla para trasladarla de un lugar a otro. Fue un momento que nunca olvidaré».

Mientras el joven Rafael recordaba ese momento, Amanda me contó que su tarea principal fue la de pantrista.

-«Me tenía que lavar bien y proteger para elaborar los alimentos. Todo lo hacíamos con mucho amor, como si fuera para nuestra propia familia. Allí también hicimos de psicólogos, terapeutas porque las personas lo necesitaban; a veces se deprimían porque estaban lejos de sus familiares y, lógicamente, extrañaban su hogar».

-«Como somos estudiantes de Cultura Física tuvimos la iniciativa de realizar una gimnasia matutina todos los días a las 6:00 am. Cada paciente desde su balcón hacia los ejercicios y nosotros lo dirigíamos».

Rafael y Amanda, también vincularon su profesión, incentivando ejercicios físicos con bailoterapia. Esta actividad tenía lugar cada mañana, después de que todos vieran la actualización de la situación epidemiológica.

Al finalizar su misión, ¿Cómo se sintieron?

-«El último día nos realizaron un test rápido para descartar la posibilidad de haber adquirido la enfermedad durante los 14 días de trabajo» -comenta Amanda.

-«Yo te confieso que nosotros teníamos seguridad de que estábamos sanos porque tomamos todas las medidas de protección; realmente fuimos muy celosos con eso. Nos cuidábamos mucho y nos preocupábamos por no contagiarnos».

-«Luego estuvimos unos días aislados en otro Centro, pero ya como pacientes, no como trabajadores. Y finalmente unos días en casa bien atentos a cualquier síntoma».

Rafael nos comentó: -«Yo extraño lo que allí vivimos, porque todo era tan intenso que ahora me siento hasta con nostalgia. Al terminar la misión escribí como un poema».

Rafael me mostró el escrito de su autoría; e incluso autorizó su publicación:


«Muchos no nos conocíamos… personal experimentado en luchar contra epidemias. Poco a poco fuimos sacando fuerzas y como una familia salimos adelante siendo pantristas, gestores, fregadores y mensajeros cumplimos con nuestra labor de llevar un buen servicio a nuestros pacientes. Con el acompañamiento en todo momento del personal de la salud, que día y noche estuvieron al pie de guerra esperando y atendiendo a los pacientes sin olvidar a nuestro almacenero, logístico, personal de mantenimiento y quienes estuvieron al frente del grupo.
Este equipo # 2 supo dar lo mejor a pesar de las dificultades, estudiantes, profesores, trabajadores de la Universidad y de la salud hemos sabido dar una muestra de valentía al mundo es por ello que somos también dueños de esos aplausos de las 9 de la noche. Llegamos siendo personas con disposición de ayudar, nos iremos hacia nos hogares como héroes donde nos esperan con locura familiares y amigos.
¨No somos ni tan locos ni tan bárbaros, somos agradecidos de esta patria, dándoles un beso al mundo y nada mas¨.

¿Qué enseñanzas guardan de ese momento tan difícil?

-«A pesar de las adversidades fue algo único y de importancia en nuestras vidas. Yo soy asmática y ahora me asombro de lo decidida que fui; aprendí a ser más humana y solidaria; a poner las necesidades de mi país por encima de las mías. Yo sabía que íbamos a salir bien»-.

Amanda es una joven de estos tiempos, decidida y muy revolucionaria; lo que se evidenció en todo lo que expresó a esta reportera.

-«Allí tuvimos que celebrar el Día de las Madres; festividad que siempre he celebrado junto a mi familia. Pero decidimos que fuera un día alegre, con música, y hasta escribí un poema que dediqué a todas las madres; en especial a las que estaban en el Centro de Aislamiento. -Aprendí de amor y esperanzas en esos días».


Por supuesto, después de descansar un poco. ¿Volverían a dar el paso al frente?

-«Incluso nos han llamado para que estemos preparados por si nos necesitan otra vez».

-«Queremos ayudar para que nuestro país salga adelante. Ahora mismo estamos trabajando en el organopónico de la Finca 1, La República. La situación epidemiológica está controlada; pero nos preparamos y nos cuidamos para dar el paso al frente si nos necesitaran otra vez»-. En voz de Rafael escuché estas palabras, mientras Amanda asentía con un movimiento de cabeza.

Terminamos nuestra conversación y se incorporaron a su nueva misión; ahora en la Finca 1, La Republica, de Santiago de Cuba. Sin lugar a dudas, Rafael y Amanda, son dos jóvenes con la misma historia; han mostrado lo mejor del ser humano.

Ellos dieron un sí por la salud y un sí por Cuba.

2 comentarios sobre «Sí por la vida: dos jóvenes, una historia»

  1. Linda historia de estos jovenes valientes, patriotas, que una vez más han reafirmado su compromiso con la Revolución poniendo en alto sus valores de humanismo, solidaridad. Gracias jovenes, ustedes son la #Continuidad y son #Orgullo UO.

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