Sentimiento de íntimo orgullo y gratitud

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Por: Dr. C. Heber Pérez Concepción

La celebración del 75 aniversario de la Universidad de Oriente despierta en mí un sentimiento de íntimo orgullo y gratitud por la oportunidad que tuve de trabajar en este alto centro docente durante los últimos 59 años.

¡Toda una vida en un lugar que nos formó como ciudadanos conscientes a la vez que impartíamosclases en las aulas y estudiábamos en la biblioteca! ¡Nunca podré agradecer suficientemente a aquellos que me abrieron las puertas de esta Alma Mater y que luego, perdonando mis tropiezos, permitieron que permaneciera en ella hasta el día de hoy.

Sólo tenía 22 años de edad cuando vine a pedir trabajo en el verano de 1963. Recién había terminado mi pregrado en una universidad norteamericana. No portaba título de doctor ni siquiera de master. Tampoco había compartido el peligro en los actos heroicos de mi pueblo en la Sierra o el Llano. Y fue dos años después de la invasión por Playa Girón, y uno año de la Crisis de los Cohetes de 1962.

Muy pronto pude constatar que era esencia y misión de esta universidad (al igual que de la Revolución triunfante el primero de enero de 1959) ayudar a formar, sin prejuicios ni discriminaciones sectarias, a los jóvenes profesionales con espíritu humanista, patriótico y revolucionario, por el bien de su país y de todos los cubanos.

En 1963 la Universidad de Oriente era aún joven, pero su crecimiento y desarrollo era ya notable. Los matriculados se contaban por centenares y surgían nuevas carreras y facultades. Los estudiantes venían de todo el país, (aunque la mayoría eran de la región oriental), y cada día eran más los obreros, maestros, empleados de comercio, de servicios y de la administración pública. La Facultad Obrera, los cursos vespertinos, los cursos nocturnos y los cursos por encuentros los fines de semana se implementaban en su auxilio. Faltaban profesores, pero alumnos seleccionados impartían clases. Profesores extranjeros, solidarios con la Revolución también fueron del claustro de la Universidad. Otros vinieron del Campo Socialista tan pronto se firmaron los primeros convenios con esos países.

Y aunque pequeña aún en 1963, esta universidad no se conformaba sólo con aulas, pizarras y tiza. Tenía una modesta imprenta y publicaba libros; un Departamento de Extensión Universitaria que se vinculaba con la comunidad local y mantenía intercambio con otras universidades del mundo; una pequeña biblioteca general con una excelente selección de títulos, en constante crecimiento, y donde también se podía leer la prensa diaria; otra biblioteca, tal vez sin parangón en Cuba, especializada en literatura juvenil e infantil, prestaba sus servicios en la especialidad de Pedagogía; un Departamento de Música; la Coral Universitaria; Cine de Arte; Escuela de Verano donde eran frecuentes los profesores y personalidades invitadas de distintos lugares de Cuba y de otros países, etc.

La Universidad de Oriente tenía, además, su sede en Santiago de Cuba, ciudad de historia singular, síntesis de pueblos y razas diferentes provenientes de cuatro continentes; campo de batalla por la independencia, centro revolucionario en la lucha contra la tiranía de Batista; hogar de escritores, poetas, músicos, periodistas, hombres de ciencia… Santiago era  -y sigue siendo-  el Aula Magna de la Universidad de Oriente.

Como es sabido, el pasado fundacional pesa mucho en la historia de nuestra  Universidad, pero lo realizado posteriormente también ha dejado huellas y le ha permitido crecer y desarrollarse aún más, convirtiéndose en el período más extenso y con los recuerdos más frescos. Es la historia de nuevas fundaciones de carácter académico o investigativo; de las milicias y los trabajos voluntarios; de cómo la política internacional invade el patio y se vive el universo desde las sedes de Quintero, Mella o el Pedagógico. Es la historia que hacemos todos los días y espera por los cronistas e historiadores.

Mucho de esa historia no es sólo del crecimiento, pero ésta hay que contarla: no es posible desconocerla. La semilla sembrada hace 75 años no ha cesado de crecer. Cuando celebrábamos hace apenas cinco años el 70 aniversario de la Universidad, ésta contaba con 62 carreras, 2 111 profesores y 14 379 alumnos de pregrado. (No se cuenta Ciencias Médicas ni, desde luego, las universidades en otras ciudades de la antigua provincia de Oriente, que la Universidad de Oriente ayudara en sus primeros pasos).

Han pasado 75 años desde su fundación y la Universidad de Oriente es mucho más que lo que pudieron soñar en su día un puñado de intelectuales progresistas y sus centenares de seguidores de Santiago de Cuba. Para llegar hasta aquí hubo mucho esfuerzo y sacrificio, mucho trabajo creador, mucho estudio y aprendizaje sobre la marcha, e incluso errores que la razón inteligente aconseja no olvidar sino superar. Hubo injusticias, violación de derechos e irrespeto por la libertad de conciencia, esta última considerada por José Martí la “primera de las libertades”. Hubo, en fin, lo que en otros lugares del país se ha calificado de “quinquenio gris”.  Y en honor de la Universidad hay que reconocer que los desmanes siempre tuvieron el repudio de la comunidad universitaria, siempre fueron muchos los lúcidos y valientes que les enfrentaron. La Universidad de Oriente no ha sido perfecta, pero por eso también la queremos: porque podemos y debemos luchar por hacerla mejor.

Por último, una exhortación a los que aman la Universidad de Oriente: Hagamos  lo que esté en nuestras manos para hacerla cada vez mejor. Inspirémonos en sus mejores momentos del pasado en cuanto a exigencia, rigor y calidad académica, y no abandonemos nunca el camino de la excelencia. Vivimos en la era de las universidades, y éstas se cuentan por miles en todos los continentes. Pero son pocas las reconocidas como centros de referencia por las exigencias del currículo, el desarrollo de la ciencia, y su aporte al mejoramiento humano. A la hora de exigir, recordemos que en nuestro medio social el rigor académico en la universidad no es cuestión de privilegio de unos pocos sino del manejo de recursos humanos. Ya la Universidad de Oriente es grande por su tamaño: hagámosla más grande aún por su sostenido prestigio académico.

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2 comentarios

  1. Excelente escrito del Dr.C. Hebert, la Universidad de Oriente en la visión de nuestro Premio Nacional de Historia, un escrito ahora de obligada consulta.

  2. La mambisa Universidad de Oriente es mucha Universidad. Y todavía quedan infinitas historias pequeñas por contar para completar su gran historia y aportación al alma de la nación cubana. Gracias Doctor Hebert por sus reflexiones.

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