«Aquí es donde tengo que estar»

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En la Universidad de Oriente, la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), ha logrado convocar a muchos de sus integrantes para participar en la lucha por la vida. Una lucha contra un enemigo invisible, desde los centros de aislamiento para sospechosos a la Covid-19.


Tuvimos la oportunidad de entrevistar a la estudiante Paula Sagaró, presidenta de la FEU en la Universidad de Oriente. Ella se encuentra, en estos momentos, laborando como voluntaria, en uno de los centros de aislamiento ubicado en la Universidad.


¿Qué sientes al estar luchando por la vida de muchos cubanos en un centro de aislamiento?


El estar aquí como voluntaria representa un compromiso que haces, no solo con tu país, es también un compromiso que responde a la calidad humana, y a nuestro sentir como familiares, amigos y compañeros.

Para mi lo verdaderamente gratificante de todo este trabajo, lo que recompensa más allá de cualquier otro reconocimiento, es ver el agradecimiento de un paciente que le alegras el día, porque le diste una noticia buena o con una frase: buenos días. Las pequeñas muestras de cariño que te dan personas desconocidas, pero que tratas como un familiar o un amigo son muy gratificantes.


¿Qué trabajos realizas en el centro de aislamiento?


Me encargo, junto con otros compañeros, de entregar los alimentos a los pacientes: el desayuno, meriendas, almuerzo y comida. Luego tenemos que limpiar todos los utensilios utilizados para las comidas. También realizo mensajería y otras tareas que se necesiten, porque somos un equipo.


¿Puedes contarnos alguna anécdota de estos días de trabajo?


Hay pacientes que te tocan el corazón desde el primer momento, por ejemplo, tenemos un niño pequeño muy simpático, que se ha ganado que lo consintamos mucho. Cuando le hacemos una gracia o una broma, él se sonríe y conversa…así chiquitico con su nasobuquito puesto y su ropita, tú lo ves y te encoge el alma, porque no quisieras que cualquier niño conocido de tu familia o un hermano pequeño se enfermara con esta terrible enfermedad.


Paula nos contó la historia con mucha emoción, resaltando lo más importante que tiene toda esta experiencia: el ayudar a los demás y poner en práctica los valores aprendidos.


Naturalmente, le comentamos a Paula, es una decisión bien pensada y sabemos que se cumplen todos los protocolos sanitarios, pero ¿has sentido miedo al contagio?


Para mí significa mucho ayudar a los demás, pero por supuesto, que uno no puede evitar sentir cosas naturales, como el miedo al contagio; porque te expones de muchas maneras y siempre tienes que estar pensando en cuidarte. La familia también se preocupa.


¿Piensas participar en otro momento en esta misión?


Esta es una decisión que nadie te obliga a tomar, eres tu quien te comprometes a llevar a cabo esta labor, sin importar el costo que pueda tener a nivel físico ni emocional. Si, si volvería a participar en otro momento, porque ahora mismo siento que es aquí donde tengo que estar; esta es mi forma de contribuir, y como joven revolucionaria y cubana, para mi este es mi reto, esta es mi lucha y me siento útil a mi Revolución, a las personas que ahora mismo necesitan ayuda y desde aquí estoy contribuyendo.


Hasta la fecha se han incorporado, como voluntarios, estudiantes de varios municipios de la provincia Santiago de Cuba, y incluyendo compañeros de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) y del Instituto de Relaciones Internacionales (ISRI).


Como Paula Sagaró, muchos son los «jóvenes por la vida». A pesar del arduo trabajo que enfrentan en los centros de aislamientos, a pesar de que son muchas las tareas que asumen, hacen resaltar la formación humana de los cubanos y el sentido de estar donde se les necesite.

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