Agustín Lage: “En nuestras universidades debemos soñar el futuro”

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Como espacio de privilegio se puede catalogar el debate surgido tras la conferencia “Economía del conocimiento y la relación Universidad-Empresa”, impartida por el académico y científico cubano Dr.C. Agustín Lage Dávila, en la mañana de este martes, 6 de octubre de 2015, en el Salón Azul de la Universidad de Oriente (UO). En la ocasión, se dieron cita investigadores del centro y otras entidades científicas del territorio.

Lage Dávila inició su presentación mostrando un fragmento de video del año 1993 donde el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, durante la inauguración del Centro de Biofísica Médica de la UO, exhortaba a una parte de la comunidad científica reunida allí a lograr que las producciones de la ciencia ocupen el primer lugar en la economía del país.

A partir de los resultados del Polo Científico de La Habana y de la creación de Biocubafarma –una organización empresarial que produce medicamentos, equipos y servicios de alta tecnología–, el también fundador y director del Centro de Inmunología Molecular (CIM) disertó sobre lo que estas experiencias nos sugieren sobre las funciones de la ciencia en el modelo económico cubano.

Después de introducir conceptos básicos sobre la biotecnología, dijo que apenas se están alcanzando las posibilidades que esta ofrece al desarrollo humano y económico, a pesar de toda la publicidad que engloba el tema desde su despegue, en los Estados Unidos y Europa, a partir de la década de los años 80 del siglo pasado.

Entre los rasgos que caracterizan el desarrollo de la biotecnología en Cuba destacó la precocidad de su introducción, motivada por la acción previsora del líder histórico de la Revolución Cubana. Fidel fomentó y apoyó decididamente esta acción en los años más complejos del Periodo Especial, “cuando estaban todas las condiciones para fracasar”. También resaltó las virtudes que hicieron impulsar el proyecto, como la propiedad social, la integración interna, la combinación con el sistema de salud pública y su impacto en dicho sector.

Esta rama de la ciencia mostró una dinámica favorable con el desarrollo de un sistema de instituciones y plantas de producción, fundamentalmente, en el polo científico del oeste de la capital cubana y otras ramificaciones en el resto del país; lo que ha propiciado que, en la actualidad, crezca sustancialmente la cartera de productos comerciales de estas entidades, congregadas ahora en el grupo empresarial Biocubafarma.

Puso como ejemplo la experiencia del CIM, que exportó en su primer año de labor cerca de 100 mil dólares y ya, en 2014, esa cifra alcanzó los 80 millones, sobre todo a través de trasferencias tecnológicas con países como Brasil, Venezuela, China, Viet Nam, Argelia, India, Sudáfrica e Irán, entre otros.

Al detallar la concepción de Biocubafarma informó que hoy este grupo cuenta con 32 empresas, 22 mil trabajadores –de ellos, 7 mil profesionales–, 78 instalaciones productivas, 893 registros sanitarios en el exterior y realiza exportaciones a más de 50 naciones. Asociado a ello aparecen, en nuestro contexto, nuevos conceptos como: entidad nacional, carácter nacional, empresas de alta tecnología (EAT), autonomía de gestión económica y financiera o financiamiento empresarial de la ciencia, etc. Esto figura en un esquema que inicia con la creación un centro científico, hasta llegar a lo que se espera lograr en Cuba: la empresa socialista de alta tecnología.

El también coordinador del Programa Nacional de Reducción de la Mortalidad por Cáncer expresó que lo que hemos aprendido, de todo lo transitado en estos años, es que no se trata básicamente de una experiencia científica, sino de una conexión entre la ciencia y la economía.

Al referirse en específico a la economía del conocimiento enumeró, entre sus principales peculiaridades: que el conocimiento es el principal componente del costo y el precio; que se compite por innovación y diferenciación de productos; que la empresa internaliza la investigación científica y el conocimiento es el insumo limitante; entre otras.

Señaló además Lage Dávila que aquí el capital humano es condición necesaria pero no suficiente, y subrayó: “sobre esta base es que debemos construir la organización productiva de la economía del conocimiento”.

Posteriormente, realizó una comparación entre las clasificaciones de las EAT en Estados Unidos, la Unión Europea y China, no sin antes sugerir que en Cuba necesitamos una categorización adecuada a nuestras características y proyecciones económicas y sociales. En ese sentido, adelantó, una posible definición operacional de la EAT para nuestro país se contiene en el lineamiento 132* de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.

El nuevo tipo de organización científico-productiva que surgió en Cuba con el impulso de la biotecnología se define, entre otros aspectos, por la unidad de Investigación y Desarrollo (I+D), que conecta ciencia con economía; la capacidad exportadora y la sustitución rápida de los productos. Lage Dávila, al abordar lo que llamó “el imprescindible espacio de la Universidad”, en ese sentido, la definió como el catalizador de la economía del conocimiento, porque es donde se identifican los actores, se construyen redes locales, se crea la capacidad absortiva de las empresas, se arman ciclos cerrados (dirección de proyectos), implementan la capacitación de toda la vida y se construye la infraestructura de informatización. Todo ello, en sintonía con los dos ejes funcionales de la Academia dentro de la sociedad: ser formadora de capital humano en disciplinas esenciales para diversos sectores y servir como sustento científico de desarrollo para sectores específicos.

A juicio del especialista, la relación Universidad-Empresa no puede basarse en el esquema del mercado del conocimiento, y agregó: “tenemos que construir nuestro propio modelo, pero lo que hagamos debe tener en cuenta las especificidades del contexto académico y del empresarial, sin intentar homogeneizarlos, sino buscando la manera de hacerlos interactuar”, fundamentó.

Expuso algunas de las acciones que, según su criterio, se deben incentivar para construir nuestro modelo de interacción Universidad-Empresa, y enfatizó la pertinencia de la capacidad absortiva de las empresas. Estas últimas, afirmó, deben desterrar los esquemas tradicionales que definen la productividad.

Finalmente, explicó las funciones de la ciencia en el modelo económico cubano, las que implican urgentemente crear un modelo de desarrollo que vaya más allá de la subsistencia, ya que nuestra palanca de crecimiento económico tendrán que ser los bienes y servicios de alto valor añadido, basados en la ciencia y la técnica.

Arguyó que, por el tamaño de su población, Cuba no tiene, como China, una enorme demanda interna que atraiga la industrialización; tampoco posee recursos minerales y energéticos en qué basar sus exportaciones ni tiene enormes extensiones de tierra para la agricultura o la ganadería; por lo cual se enfrenta a dos desafíos económicos invariables: cómo insertarnos en la economía mundial, careciendo de importantes recursos naturales, y cómo transformar el capital humano y el desarrollo social en crecimiento económico.

Ante una pregunta del Dr.C. Eloy Dariel Álvarez, especialista del Centro de Biofísica Médica, sobre cómo llevar los estándares de las EAT a organizaciones que no tienen el apoyo financiero o tecnológico suficiente, Lage Dávila comentó que la experiencia mundial demuestra que esos grandes grupos empresariales o EAT se han ido gestando, primeramente, en el ámbito académico. En el caso cubano, explicó el director del CIM, lo primero es identificar con responsabilidad y prudencia cuáles son aquellas organizaciones que pueden dar ese salto y, después, proteger ese proceso de transición mientras no exista en Cuba una ley de empresas que regule estos procederes.

El Dr.C. Enrique Juan Marañón Reyes, director del Centro de Estudios de Neurociencias, Procesamiento de Imágenes y Señales (CENPIS), expuso que en la UO existen dos entidades de ciencia, –CNEA y CBM–, a las que se le exige rentabilidad sin una inversión previa sustancial, y llamó a tener en cuenta  este aspecto en cualquier análisis, que se combina con el éxodo por motivaciones salariales; situación para la que el conferencista propuso que empresas de mayor desarrollo puedan funcionar como sobrilla de aquellos centros que necesitan más tiempo y recursos para su despegue.

Además, dijo que en Cuba las autoridades han tomado medidas para ir poniendo en orden la economía, lo cual ha dado buenos dividendos. “Debemos pensar para adelante, en nuestras universidades debemos soñar el futuro”. Al finalizar la jornada, Lage Dávila recibió de manos de la Dra.C. Rosa María Reyes Bravo el Reconocimiento Especial 65 Aniversario de la Universidad y una reproducción artística de Amelia Peláez.

*Lineamiento 132: Perfeccionar las condiciones organizativas, jurídicas e institucionales para establecer tipos de organización económica que garanticen la combinación de investigación científica e innovación tecnológica, desarrollo rápido y eficaz de nuevos productos y servicios, su producción eficiente con estándares de calidad apropiados y la gestión comercializadora interna y exportadora, que se revierta en un aporte a la sociedad y en estimular la reproducción del ciclo. Extender estos conceptos a la actividad científica de las universidades.

Fotografías de Rovier Mesa Rodríguez

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En varios momentos de su intervención, Lage Dávila resaltó el papel del Líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, en el desarrollo de la tecnología en Cuba

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El también director del Centro de Inmunología Molecular (CIM) destacó las potencialidades del grupo empresarial Biocubafarma

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Un enriquecedor debate, sobre los desafíos de la ciencia y la economía en nuestro contexto, se generó luego de que el doctor Agustín Lage Dávila dictara su conferencia “Economía del conocimiento y la relación Universidad-Empresa”

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La Dra.C. Rosa María Reyes Bravo, vicerrectora de investigación y posgrado, entregó el Reconocimiento Especial 65 Aniversario de la Universidad de Oriente al distinguido visitante

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