La Universidad de Oriente (UO) avanza en la incorporación de fuentes renovables de energía como parte de las políticas nacionales orientadas a promover el uso eficiente de la energía. A partir de la asignación realizada por el Ministerio de Educación Superior, la institución distribuyó 423 paneles solares entre trabajadores y miembros de su comunidad universitaria, en un proceso que combinó facilidades de pago, acceso a créditos bancarios y apoyo técnico especializado.

La iniciativa se sustenta en el Decreto-Ley 345 sobre el desarrollo de las fuentes renovables y el uso eficiente de la energía, aprobado el 23 de marzo de 2017. En su disposición final tercera, esta normativa establece que el presidente del Banco Central de Cuba debe instruir a los bancos para facilitar el otorgamiento de créditos destinados a la adquisición de equipos que utilicen fuentes renovables por parte de personas naturales. Sobre esta base jurídica, se emitió la Instrucción No. 1 de 2025, con fecha 27 de julio, que regula el otorgamiento de créditos a personas naturales para la compra e instalación de sistemas vinculados a estas tecnologías.
Según explicó Yoanna Barrientos Camacho, Directora General Económica de la Universidad de Oriente, dentro de las asignaciones realizadas por el país para la distribución de paneles solares se priorizaron tres sectores estratégicos: Salud Pública, el Ministerio de Educación y el Ministerio de Educación Superior.
El proceso de selección priorizó a categorías consideradas especialmente relevantes dentro de la comunidad universitaria. “La universidad tuvo en cuenta, a sus cuadros, jubilados, madres numerosas, doctores honoris causa, profesores eméritos y profesores consultantes, entre otras categorías”, explicó Barrientos Camacho. El procedimiento comenzó en octubre, tras conocerse la instrucción emitida por el Banco Popular de Ahorro que regulaba el acceso al financiamiento.
El avance inicial del programa se vio momentáneamente interrumpido por el impacto del evento meteorológico Melissa, aunque las gestiones se retomaron en noviembre con el proceso de formalización de los créditos bancarios. En total, 79 trabajadores optaron por adquirir los equipos mediante crédito, mientras que 344 realizaron el pago en efectivo o mediante transferencia.
Los equipos distribuidos corresponden a dos capacidades diferentes: paneles de 800 watts, con un costo de 58 055 pesos, y paneles de 1200 watts, valorados en 75 198.15 pesos. En ambos casos, el precio incluye el servicio de instalación y montaje realizado por especialistas de la empresa Copextel.
Desde el punto de vista operativo, la experiencia con la empresa encargada de la instalación ha sido evaluada de forma positiva. “Todo lo que tiene que ver con Copextel ha sido de las mejores experiencias; el proceso ha fluido de manera natural. Con el banco hubo algunos tropiezos que hubo que sortear, pero actualmente todos los paneles ya están asignados o en manos de los beneficiarios”, señaló la directora general económica.
Más allá de la dimensión administrativa del proyecto, el impacto más visible se encuentra en la vida cotidiana de quienes ya utilizan los sistemas fotovoltaicos. José Manuel Hernández Torres, jefe del Departamento de Contabilidad de la Universidad de Oriente, fue uno de los beneficiarios del programa y decidió adquirir el equipo mediante pago directo.
“Compré el módulo completo —panel e inversor— días antes del huracán Melissa. Lo pagué en efectivo y lo fui probando poco a poco hasta que llegaron los técnicos de Copextel para autorizar la garantía”, explicó. Según relata, durante los días posteriores al paso del fenómeno meteorológico el sistema resultó particularmente útil ante la falta de electricidad.

“En mi casa se empezaron a cargar teléfonos y otros equipos para la comunidad. Pasamos todo el mes de diciembre funcionando perfectamente”, comentó. Aunque posteriormente el equipo presentó una falla en la salida de 110 voltios, el servicio técnico respondió con rapidez. “Lo llevé a Copextel, lo repararon y en pocos días ya estaba de nuevo en casa funcionando perfectamente”.
Para el trabajador universitario, la experiencia confirma el valor de esta alternativa energética en el contexto actual del país. “Tal vez no sirva para equipos de cocción, pero para la iluminación del hogar, refrigeración, televisores o computadoras funciona muy bien”, afirmó.
Desde la perspectiva institucional, la universidad considera esta iniciativa como una oportunidad para mejorar la calidad de vida de su personal y contribuir al uso de fuentes energéticas más sostenibles. La dirección de la institución mantiene expectativas de que en el futuro puedan realizarse nuevas asignaciones que permitan ampliar el alcance del programa.
“Esperamos que esta sea la primera de varias etapas, de manera que más trabajadores de todas las categorías puedan beneficiarse”, concluyó Barrientos Camacho.
En un contexto marcado por los desafíos del sistema electroenergético nacional, la introducción de soluciones basadas en energías renovables dentro de la comunidad universitaria no solo representa un alivio práctico para los hogares, sino también un paso hacia una cultura energética más sostenible y resiliente.
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