Dr.C. Heber Pérez: «Vida de luces y sombras»

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Entrevista al Dr.C Heber Pérez Concepción, Premio Nacional de Historia en el 2017

Nunca he recibido las clases del profesor Heber Pérez Concepción. El azar de la vida o mi inclinación periodística, tal vez, me han negado ese privilegio. Sin embargo, por varios ex- alumnos, he sabido de su extraordinaria capacidad para llevar al estudiante a pensar, de manera racional, la historia.

Casi por casualidad, lo confieso, le notifiqué que fue elegido Miembro Honorífico de la Academia de Ciencias de Cuba.

Durante los últimos 5 años recibió innumerables reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Historia 2017. El profe Heber, como prefiero denominarlo, es una persona humilde. Jamás nadie encontrará en él un exabrupto como respuesta. Siempre «insufla» no pocas inquietudes en los estudiantes; los obliga a investigar, a contrastar fuentes, a prender la chispa del conocimiento.

Mientras se balanceaba, en su casa, conversamos más de 2 horas. Por un breve accidente tecnológico, casi pierdo muchísimos minutos de grabación. Sin embargo, el profe Heber, decidió contarme aquellos años en su pueblo llamado Mir, ubicado en lo que hoy es la provincia de Holguín. Su padre fue un luchador antimachadista en la década del 30 y posteriormente del movimiento 26 de julio. Alto, de color blanco y con ojos escrutadores y penetrantes, Heber Pérez Concepción, me ilustra de cómo adquirió su amor por Cuba.

«Nací en un pueblo con comunicación a la ciudad de Holguín. Pero ese pueblito de campo tenía correo, ferrocarril, radio, y una importante producción agropecuaria. Por ahí salía una gran cantidad de madera y de ganado. Contaba con 2 iglesias y una Logia Masónica. Nosotros en casa recibíamos revistas, periódicos que nos generaron desde niños inquietudes intelectuales. Una vez a la semana, veíamos el cine y había muchas diferencias sociales. Eso fue fundamental para mi inclinación por la historia. Mi padre, quizás no pasó de la primaria, pero leía mucho, nosotros estábamos suscriptos a la Revista Bohemia, a uno o dos periódicos nacionales. Mi padre fue participante del Partido Ortodoxo. Incluso recuerdo cuando niño que en Mir vivían veteranos de la guerra de independencia, de hecho tuvimos cercanía con uno que decía haber estado en la tropa de Maceo. Allí en Mir, hubo gente que luchó contra Machado, entre ellos mi padre. Se percibía un hervidero de ideas, preocupaciones, de historia. Las tropas de la invasión de Maceo acamparon allí y la gente lo recordaba por los cuentos de los mayores.

En el balance de la sala, el Dr.C Heber, con 80 años, me narra una historia tan rica como fascinante. Quizás el ruido de un carro o el ladrido de un perro dificultan la claridad del audio, pero no la coherencia en las ideas.

«Mis padres tuvieron mucha influencia en mi formación, porque se preocuparon por nuestra educación. Entonces aprendí inglés con un jamaicano que era de un pueblo aledaño Omaha, como a 12 kilómetros de Mir. Asumí el aprendizaje de ese idioma con seriedad y avancé bastante siendo adolescente. Como era muy activo en la Iglesia Metodista, pastores de Estados Unidos me piden que sea traductor en sus visitas a Mir. Lo hice en 2 ocasiones hasta que un día, uno de esos pastores norteamericanos me invitó a estudiar un año a Estados Unidos con la posibilidad de quedarme en casa de su familia. Me pareció un gran premio. Recuerdo que al llegar el tren a mi pueblo traían muchas cartas y la gente se aglomeraba esperando si llegaba correo para las personas. Cuando vi la mía, fui corriendo hasta la casa, le di la noticia a mi familia y ellos aceptaron porque lo vieron como una gran oportunidad. Y era algo que quizás sería difícil de alcanzar.

A los 15 años, fui a Estados Unidos y entré en 7mo grado, pero al cabo de unas semanas, me adelantaron y logré pasar hasta 9no grado. En ese país, cursé el preuniversitario, y luego recibí la invitación para una beca en una universidad ya en el 1959. Terminé la universidad en 4 años, aunque hice lo posible por finalizar antes. Me licencié en Historia de Estados Unidos. Tenía muchos deseos de regresar a Cuba por el Triunfo de la Revolución, pero no fue hasta 1963 que pude venir. A mi regreso, supe que mi padre había sido combatiente del Segundo Frente y mi hermano Hernán era director del periódico Sierra Maestra. Estuve 3 días en La Habana en una casa del Instituto Cubano de Amistad con los pueblos y  luego me trajeron para mi pueblo.

En el periódico Sierra Maestra escribí algunos artículos como colaborador, pero necesitaba trabajar y fui a la Universidad de Oriente. Hablé con el profesor Francisco Prat Puig, quien era decano de la Facultad de Humanidades y me propuso trabajo. Le faltaban profesores y para mi era una gran oportunidad de iniciar mi carrera como docente. En el Departamento de Relaciones Culturales, hoy Dirección de Extensión Universitaria, gracias a Leyla Vázquez, pude entrar como colaborador. Ella tuvo mucha importancia en la lucha clandestina en Santiago de Cuba. Fungí sobre todo como traductor de inglés, aunque no me desvinculé de la docencia. De aquella etapa en ese departamento recuerdo mucho  la Coral Universitaria por el excelente profesor de música Electo Silva. También el cine de arte era muy fuerte. De hecho gracias a Jesús Saborí se inició este proyecto desde antes del 59. Todas las semanas se proyectaban películas. Además se realizaban intercambios de libros y folletos con otras universidades. Cuando comencé a trabajar en la institución académica, José Antonio Portuondo -una figura que admiro mucho-  era rector de la Universidad y dinamitó mucho el papel de extensión universitaria».

La investigación es una cuestión intrínseca para un profesor, sin embargo, en aquellos primeros años de docencia, el Profesor Heber Pérez lo asumió como un elemento vital para su formación; asegura que no estaban creados los mecanismos hasta que años después se instituyó. Pero la investigación siempre ha sido una de las obsesiones de este octogenario maestro.

«Nosotros, los profesores jóvenes de entonces, debimos asumir mucha docencia, hasta que año después se establecieron los doctorados. Yo me esforzaba para que mis clases tuvieran un gran respaldo de lecturas y como di varias asignaturas, no me permitía encasillarme. Tuve la oportunidad de dar Historia Moderna, Historia de África, entre otras, pero la que más me apasiona es Historia de Estados Unidos. Hasta ahora soy el único profesor que la imparte desde hace 40 años. Sin proponérmelo, indagué acerca de la obra de Martí sobre los Estados Unidos. Encontré que ese espacio no estaba suficientemente agotado. Martí fue capaz de despejar incógnitas, es inagotable. A veces se ha querido ver a Martí como un admirador en el plano político de los Estados Unidos y quien lo estudia con profundidad se da cuenta de que es admirador de todas las sociedades del mundo. Además deja claro que el imperio norteamericano, es una amenaza para América Latina y Cuba».

 Cuando le comento que no pocos estudiantes aman la historia por sus clases, se sonroja, medita unos segundos y responde con la humildad de aquel muchacho nacido en un pueblito llamado Mir.

«Tú me honras y esos estudiantes me honran al pensar de esa manera. Pero no creo que tenga ningún secreto ni creo que sea tan buen profesor. Quizás me ha ayudado el hecho que comienzo a tener dudas de mi mismo. No considero tener la verdad absoluta, lo que trato es de buscar esa verdad. Y para explicarla debo asimilarla bien yo, y luego demostrarla. Uno no puede preparar una clase con un trabajo deficiente de lecturas y de investigación. Trato de ser honesto conmigo mismo; defender una idea basada en la argumentación. No dar teque. Por ejemplo, si te voy a dar una clase en la que te denuncio al imperialismo norteamericano, busco demostrar que ese imperialismo es un fenómeno con determinadas características que lo hacen peligroso. Son cosas que he aprendido de mis lecturas y de mi interpretación del marxismo, porque me considero marxista, aunque tuve una influencia desde pequeño por la Iglesia Protestante y estudié en Estados Unidos. Aplico la ciencia y no incentivo el odio, por todos los medios, me baso en una profunda indagación intelectual. Es necesario tener un grado de honradez intelectual; uno se puede equivocar, pero uno debe ser honrado. Creo que en mis clases he llevado siempre a los alumnos al análisis de los procesos históricos. Concibo las conferencias en la organización de un proceso racional, o sea, buscar el porqué de las cosas, es posible que esto me haya salvado».

Cada respuesta es una disertación de conocimientos. Imagino estar en un aula como ese privilegiado alumno que no desea que acabe el tiempo. Cada pausa es ese instante que permite comprender, cuanta inteligencia y humildad hay en una sola persona. El profe Heber fue uno de los fundadores de la Maestría Estudios Cubanos y del Caribe de la Casa de Altos Estudios Oriental. Desde el análisis y el orgullo, desbroza el camino para brindarnos nuevos horizontes.

«Fui uno de los coordinadores en los primeros años y me parece que ha sido una de las mejores en el área de las Humanidades y las Ciencias Sociales en la Universidad de Oriente y posiblemente en el país. Ahora lo que yo veo es que por el hecho de que estos programas se preparan en un tiempo límite, y se priorice la búsqueda de resultados en cuanto a cantidad de graduados, es posible que conlleve a una disminución de la exigencia. Esta maestría tuvo un claustro excelente y con una gran exigencia. Quienes estuvimos al frente en los primeros años, coincidimos que tuvo mucha calidad, reflejado en las publicaciones, y en las tesis doctorales convertidas después en libros».

Cuando en la mañana llamé al profesor Heber Pérez, para acordar la entrevista, casi por azar, supo, en ese momento, que había sido elegido como Miembro de Honor de la Academia de Ciencias de Cuba. En la tarde llegué a su casa, Y aun no le habían notificado este reconocimiento. Esperé unos minutos para que el profe pudiera corroborar, oficialmente, la grata noticia. Al conocer de manera confiable su nombramiento, desapareció el nerviosismo en el profe Heber y ya relajado me expresó sin reservas.

«Estoy muy agradecido. Me acabo de enterar y es un reconocimiento, tal vez mayor del que merezco. El hecho de que me hayan seleccionado con una obra desde mi punto de vista modesta, realmente me complace mucho».

Viaje a la semilla

«Siempre estuve cerca de la agricultura. Mi familia era de campesinos. Cuando tenía 12 o 13 años visitaba a mi tío y mis primos en el campo. Allí sembrábamos, aprendí a montar a caballo y ordeñaba una vaca, si era necesario. Luego la agricultura la retomé al estar mis hijos pequeños. Debido a la escasez de proteínas gracias a una fundamentación científica, tuve una crianza de conejos, así como la siembra de viandas y vegetales. En estos momentos tengo un platanal, una mata de aguacate, de coco, de mango, y algunos vegetales y hortalizas. La rúcula es una hortaliza con la he tenido éxito sobre todo en la temporada más fría del año».

Investigador, agricultor, maestro. El Dr.C Heber Pérez Concepción, no habla de premios. Contribuye a inclinar hacia nosotros ese horizonte del conocimiento y la humildad. Ya casi anochece, luego de casi dos horas de diálogo. Tomamos un exquisito te de menta. El profe permanece relajado como si acabara una clase. Mientras bebo el té, creo estar en una conferencia, en una declaración de integridad y principios. Guardo mi aparato tecnológico. Sé que grabé los pasajes de una vida llena de luces y sombras. Me despido del profe como el estudiante satisfecho, capaz de conquistar la vida.   

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2 comentarios

  1. Su calidad como educador y como ser humano son innegables. Los que hemos tenido el privilegio de ser sus alumnos nos sentimos honrados.

  2. Un honor tener al querido Dr.C Heber en nuestra Universidad. Hombre sencillo, y excelente profesional. Honor a quien honor merece.

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