Vilma: una mujer hecha leyenda

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El 7 de abril de 1930, en Santiago de Cuba, vio la luz por vez primera Vilma Lucila Espín Guillois, devenida con el tiempo en heroína de la Sierra, ejemplo y guía para las mujeres cubanas. El apego a  la justicia, la honradez y la verdad, caracterizó el ambiente familiar que la rodeó desde su infancia, y estas fueron las premisas principales de su manera de ver y de enfrentarse a la vida.

La Universidad de Oriente, se enorgullece de haberla visto transitar sus aulas, como Estudiante Integral, vinculándose, desde esa época,  a luchas internas, por el reconocimiento oficial de la UO, la instalación de sus distintas áreas de docencia e investigación, y el funcionamiento de la vida estudiantil.

Se destacaba por su singular belleza, inteligencia, amor al estudio, y presencia en actividades patrióticas, culturales y deportivas, tanto en la Universidad como en otros espacios. Son estos años los que llevaron a Vilma a vincularse con  la juventud más radical y revolucionaria de su tiempo. Su nombre se asocia al querido Frank País y a Pepito Tey, mártires universitarios.

Vilma, siempre amena y muy conversadora, relataba que después del Golpe de Estado de Batista, comenzaron las primeras manifestaciones en las calles de Santiago de Cuba. Pero nunca decía, en su relato, que ella era una de las convocantes, si no la principal.

Cuando la muerte del joven estudiante Rubén Batista, se hizo un entierro simbólico en Santiago de Cuba, y ese acto terminó en una verdadera batalla entre la juventud y los sicarios de la tiranía. La idea había sido llevar flores al cementerio y, en definitiva, terminó con aquellos jóvenes, metidos en los cafés, lanzándole azucareras y piedras a la policía. Vilma se contaba entre ellos y, desde entonces, tuvo que agenciarse nuevos nombres. Déborah, Alicia, Mónica, sus nombres en la clandestinidad, y luego Mariela, brava y eficaz combatiente, encargada durante el mes de julio de 1958, de realizar labores de apoyo al mando, relacionadas con las gestiones de devolución de un grupo de norteamericanos secuestrados.

Posteriormente se le asigna, entre otras múltiples responsabilidades, la atención y organización del movimiento clandestino en los municipios orientales ubicados en la amplia extensión territorial del II Frente del Ejército rebelde. Ello era fundamental, en tanto esas regiones ofrecían un apoyo logístico indispensable para asegurar las acciones combativas.

Como en todas las tareas que cumpliría años después, hasta el último de sus días, esta la desempeñó con gran responsabilidad. Con la Revolución, fue madre, esposa, líder de la Federación de Mujeres Cubanas, y una de las más entusiastas colaboradoras de Fidel para impulsar la educación, la ciencia y la cultura en Cuba, bajo los preceptos de la construcción del socialismo.

El 29 de noviembre del 2000, en acto solemne, le fue otorgado el título de Doctora Honoris Causa de la Universidad de Oriente, identificándola así, como una de las más genuinas representantes del espíritu del Alma Mater oriental, y de la Ciudad Héroe.

Como un astro que brilla con luz propia, fuerte como una Ceiba, firme como el acero; y dulce, tierna, soñadora, alegre y mambisa por siempre, recordemos hoy, en la Universidad de Oriente, a Vilma: una mujer hecha leyenda.

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