Premio Nobel: honor a quien lo merece

Por: Marinelis Lora Castro

Decidir el otorgamiento de un premio es una tarea difícil. La subjetividad pude ganar a la objetividad; en determidas ocasiones el dinero puede quebrantar hasta al más moral; y la muy mencionada “suerte” pudiera cobrar vida en algún por ciento.

El galardón no siempre se le otorga a los más justos ni, a los más capaces. Muchos premios quedan en el terreno de la duda; otros son muy bien merecidos. Sin embargo, cuando muchas voces hablan de lo mismo, es tiempo de prestarles atención.

Por estos días se habla de otorgar el Premio Nobel de la Paz a las Brigadas cubanas, que pertenecen al Contingente Internacional de médicos especializados en situaciones de desastres y graves epidemias «Henry Reeve». Esas que hoy prestan servicios en más de 20 países, para ayudar a detener la pandemia de la COVID-19. Valerosas e irrepetibles brigadas que ha protagonizado disímiles acciones, desde su fundación hasta la fecha, para salvar vidas en circunstancias de excepcionales.

Aunque hoy se ha desatado una campaña de desacreditación contra los médicos cubanos, el trabajo de las brigadas internacionalistas ha sido reconocido por varios gobiernos y organismos internacionales. La Organización Mundial de la salud (OMS), por ejemplo, le otorgó en mayo de 2017, el Premio de Salud Pública en memoria al Dr. Lee Jong-wook; como reconocimiento a los 250 especialistas que lucharon contra el ébola en África.

Los candidatos en este año 2020 deben ser muchos, entre ellos: científicos, políticos, artistas, etc. Por eso, como en toda premiación, la tarea de otorgar el premio no debe ser fácil. Aunque para Alfred Nobel sería tarea ardua, su testamento es claro:

«…La totalidad de lo que queda de mi fortuna quedará dispuesta del modo siguiente: el capital, invertido en valores seguros por mis testamentarios, constituirá un fondo cuyos interés será distribuido cada año en forma de premios entre aquellos que durante el año precedente hayan trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y para la celebración o promoción de procesos de paz. El premio […] para el defensor de la paz [será concedido] por un comité formado por cinco personas elegidas por el Storting noruego. Es mi expreso deseo que, al otorgar estos premios, no se tenga en consideración la nacionalidad de los candidatos, sino que sean los más merecedores los que reciban el premio, sean escandinavos o no.»

Alfred Nobel, Testamento del 27 de noviembre de 1895.

El Premio Nobel de la Paz será para quien lo merezca; mientras no intervengan subjetividades irracionales, monedas de cambio o “suertes forzadas”.

El hecho de que exista la más mínima posibilidad de que nuestros aguerridos galenos ganen el Premio, ya es una victoria.
Ganar o no no constituye paradoja, para quienes tienen el reconocimiento de millones de seres humanos; para quienes cuentan con el agradecimiento infinito de miles a quienes les han regresado la vida.

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